Desde que veíamos casas de famosos en el Hola! ha habido una transición paulatina al audiovisual en lo relativo a conocer interiores de hogares. También la gente ha perdido mucho pudor a la hora de enseñar su casa o su negocio, sobre todo si puede rebajar el precio final que implica una reforma. Hay casos documentados en los que el paso del programa Pesadilla en la cocina de Alberto Chicote era más bien la oportunidad de hacerse una remozado gratis para traspasar el local que el comienzo de una nueva etapa para los anteriores propietarios.

Pero no es este el programa que me enamora. Además de los gemelos de las reformas y de los pijazos que enseñaban sus casas las mañanas de sábado en La Sexta, está el programa de Hilary y David. Se llama ‘Tu casa a Juicio’, en inglés ‘Love it or list it’ (ámala o véndela), y se emite en Divinity. Para mí, ‘Lo de las casas’. Igual que Hoy por Hoy es ‘Lo de Pepa’ y Pesadilla en la cocina es ‘Lo de Chicote’. Si, como yo, compartes piso y tienes miedo de que cualquier día se convierta en un Airbnb; todo lo que pasa en este espacio es un drama. Es como si una redactora de Super Pop empezara a hablarnos de arquitectura. La mejor parte es cuando el presupuesto se descuadra y no pueden cumplir SUS SUEÑOS, así en mayúscula. El otro día pusimos en común en Twitter nuestras frases favoritas de este despropósito televisivo. Primero, que la percepción de las necesidades de los canadienses (lugar donde se graba este programa y cuna del amigo Justin Trudeau, al que ya dedicamos una página en una edición anterior) da bastante que pensar. Nos hemos encontrado desde mujeres que te piden cocina de concepto abierto (por favor, que alguien arregle estas traducciones, o que alguien abola las cocinas de concepto abierto) “para poder vigilar a los niños mientras cocino y una cueva de hombres –generalmente en el sótano- con grifo de cerveza para mi marido”. El sótano interviene a modo de museo de los horrores de las aspiraciones: hay quien dice que necesita tener un cine ahí abajo. Un cine. ¡Vamos a tener un segundo hijo y no tenemos suficiente con estos 2.000 metros cuadrados, tenemos que mudarnos! Y contra las aspiraciones, vienen los disgustos: lo que no se puede hacer, la ruptura de LOS SUEÑOS. ¡Oh no, han encontrado hongos en el sótano inacabado y no van a poder hacer la cocina de concepto abierto! ¡Vaya, no sabíamos que esto era un muro de carga, el presupuesto se incrementa en 30.000 dólares! La mejor parte viene cuando resulta que hay amianto en la casa, lo que rompe totalmente mi empatía con quienes participan en este programa. Una gente que considera un verdadero contratiempo para la realización de la casa de sus sueños haber encontrado un material que podría estar matándolos a base de respirarlo, en vez de una buena noticia para su salud.