Los ‘fidgets spinners’, o simplemente spinners, son la última moda entre niños y adolescentes. Estos juguetes se inventaron ya hace veinte años como método de ayuda a pacientes con autismo, déficit de atención, estrés, ansiedad e incluso depresión. Supuestamente, ayudan a focalizar la atención.

El spinner no es más que un pequeño artilugio, con forma de hélice, y que consta de un centro giratorio que hace que sea extremadamente sencillo hacer rotar el juguete de manera prolongada sobre un eje que se sostiene con la mano. Y en eso consiste, solamente girar.

Aunque la sencillez del invento es innegable, ha resultado ser un éxito en ventas, eso sí, veinte años después de su creación. Durante las últimas semanas las aulas de colegios de todo el globo se han llenado de estos sucesores de las peonzas hasta tal punto en el que muchos docentes han comenzado a denunciar públicamente su uso en las clases. Jennifer Horns, consejera escolar estadounidense ha declarado que los spinners “se han vuelto un problema insoportable”. Y es que,  aunque es cierto que se han utilizado como terapia para niños con problemas de hiperactividad, estos artilugios también pueden ser un motivo de distracción.

Como ocurre con muchas cosas, todo depende del uso que se haga de ellos. De los profesores y padres de los escolares depende el concienciar a los niños de que estos artilugios no son un mero pasatiempo, sino una herramienta útil para controlar el estrés en ciertos momentos.