El concepto running parece un término muy de hoy en día, pero anteriormente, siempre hemos oído hablar de los conocidos corredores. Esperamos seguir teniéndolos a lo largo de mucho tiempo.

Cuando menciono a los runners o corredores, me refiero tanto a hombres como a mujeres, aunque vistas las injusticias  que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia, en el deporte no podía ser menos.

El artículo de este mes quiero dedicarlo a contar la historia de una auténtica heroína que luchó por la igualdad real en el deporte e hizo que las mujeres fueran también aceptadas en el mundo de las carreras populares.

En 1967, una estudiante de periodismo de 19 años, llamada Katherine Switzer, demostró que las mujeres, si quieren, sí pueden correr una maratón. Con discreción, es más, utilizando un seudónimo para evitar sospechas, pagó tres dólares por la inscripción y logró correrla con el dorsal 261. Durante la carrera, tuvo impedimentos por parte del director de la prueba de Boston, que intentó sacarla de la pista a base de empujones. La joven llegó a la meta con los pies totalmente destrozados, pero afirmó que hubiera culminado la carrera hasta gateando si hubiera hecho falta.

Tras ese enorme logro, la norteamericana Switzer se convirtió en un auténtico icono a favor de los derechos de la mujer y sobre todo, de la ansiada igualdad real. Fue la heroína que desafió a la autoridad, no quiso rendirse y terminó la prueba con orgullo a pesar de los insultos y los obstáculos que los organizadores le habían puesto.

Esta increíble historia no termina aquí. El 18 de abril de este 2017, es decir, 50 años después y con 70 años, Katherine Switzer volvió a correr la maratón luciendo de nuevo el histórico dorsal 261.

Cuando finalizó su última maratón bostoniana, Katherine fue aclamada como se mereció entonces, ya que su historia cambio para siempre el rumbo del atletismo y de la igualdad. ¡Gracias, Katherine!