En la pastelería Eceiza de Tolosa, fundada en 1924 por Nicolás Eceiza, están orgullosos de poder decir que a día de hoy sigue viva con la cuarta generación de la familia al cargo.

Bombas Repor EceizaEceiza comenzó con la tienda de la calle Rondilla, aunque más adelante, en la década de los años 50, se abrirían las puertas de la segunda tienda situada en el paseo San Francisco. Evidentemente, en sus más de 90 años de vida han ido cambiando muchas cosas, pero lo que nunca ha cambiado desde sus inicios ha sido la búsqueda de un producto de buena calidad y artesano.

Tras los comienzos de Nicolás, vino el trabajo de Luis Eceiza, su hijo y segunda generación de la pastelería, que trabajo y aprendió el oficio junto a su padre. Fue él quien, a petición del Asador Julián, creó las famosas Tejas y Cigarrillos de Tolosa. El asador quería un postre especial, de calidad y que  gustara fácilmente a todos sus comensales. Tras diversas pruebas de Luis, nacieron las que llevarían lejos el nombre de la pastelería Eceiza: sus tejas y cigarrillos. Hoy en día, recuerdan riendo esta historia diciendo que Luis fue lo que ahora llamaríamos el I+D de la empresa; siempre buscando innovar en los productos sin perder su esencia de calidad.

Igual que había hecho Luis con su padre, él también trabajó con sus hijos, dejándoles el legado de tradición y más tarde, llegarían los hijos de estos. En total, cuatro generaciones (de momento) que miran con ilusión al no tan lejano centenario del negocio familiar. Obviamente, aunque hablemos siempre de ellos, no debemos olvidar a los que han estado a sus lados: sus familias, así como todos los trabajadores que han conseguido sacar adelante toda una historia y tradición pastelera.

Además de las ya mencionadas y famosas Tejas y Cigarrillos de Tolosa, existe otro producto que siempre va unido a Eceiza: las bombas. Un pastel que va gustando generación tras generación y, aunque en otros muchos aspectos los tiempos hayan cambiado, en cuestión de gustos y de dulce, las bombas son el pastel más vendido y que más gusta. Pueden ser de crema o de chantilly, que son las clásicas, pero desde hace algún tiempo también las hacen de nata o trufa. He aquí el único dilema que nos surge: elegir de qué la vamos a comer; si apostar por lo clásico o atrevernos a innovar. O mejor aún, ¡quizás probar una de cada!