DIARIO NOTICIAS DE GIPU (559878)Corrió como la pólvora por mis redes hace unos días la historia de Juicero, una de tantas start ups de Silicon Valley que se presentan como la obra de un genio visionario, en este caso un señor llamado Doug Evans, pero que en realidad son no ya una estafa, sino que directamente toman por tonto al personal. Recuerden, más cerca, al famoso señor Genaro de Gowex, que iba por ahí diciendo que el wifi sería el agua del futuro y luego tenía a una asistenta a la que pagó 300 euros por hacer de testaferro. Bueno, pues incluso así en sucesivas rondas/chupitos de financiación, el señor Evans consiguió 110 millones de euros para su invento. De modo totalmente voluntario, sin poner una pistola en la cabeza a nadie.

¿Y qué tiene de especial este invento? Resulta que Juicero es un exprimidor. Su particularidad es que se incardina en ese otro comodín –como este de llamar innovación a todo- del ‘internet de las cosas’. Como las cafeteras Nespresso, Juicero tiene sus propias bolsas –equivalentes a un vaso de zumo- donde… eh… resulta que viene ya toda la pulpa de la fruta, que se pasaría por el exprimidor –en realidad una prensa- que ejerce vía wifi una descomunal fuerza hasta servirte un zumo detox (importantísimo el lenguaje, no es un zumo cualquiera). Como además recuerda Javi Sánchez en GQ, es “capaz de leer un código QR para saber si la bolsa está caducada (a pesar de que la fecha de caducidad apareciese en la misma: Juicero no quería que ningún analfabeto sufriese)”. Y todo esto por el módico precio de 400 euros. Simultáneamente se presentan ante nosotros paneles de expertos asegurando que un robot nos quitará el trabajo de aquí a nada (apunte: viven de decir eso y no somos excesivamente buenos prediciendo tendencias sociales). Una de las personas que más ha estudiado la automatización en el trabajo, David Autor, no se anda con rodeos y en uno de sus artículos académicos admite con mucha sinceridad no tener ni idea de cómo es posible que sigan existiendo tantos trabajos.

Pues aquí tenemos una pequeña intuición: si un trabajo como el de exprimir zumo, para el que generalmente se venía necesitando una persona, de repente necesita varios ingenieros y de mucho plástico para wifis, prensas, bolsas y triturados… Ya se crea empleo, si es que de eso se trata. ¿Qué sea pelín insultante para el consumidor? Mientras siga saciándose la sed de las rondas de financiación, que no pare la fiesta.

Al final el escándalo se resolvió con un simple vídeo. Una mujer sostiene con sus dos manos la bolsa con la pulpa por ambos lados y… ¡Magia! Resulta que ejerciendo una ligera presión, de la bolsa se puede verter zumo directamente a un vasito sin que sea necesaria ninguna fuerza por wifi de cuatro toneladas. Insólito.