NÚÑEZ FEIJÓO PROMETE SU CARGO COMO PRESIDENTE DE LA XUNTA“Me sentaré a la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de mi enemigo”. Excepto para sacarse su plaza como registrador de la propiedad en Santa Pola a la tierna edad de 24 años, Mariano Rajoy no ha tenido prisa para casi nada en la vida. Mientras en los años del boom las sedes del Partido Popular registraban colas para afiliarse (porque la gente no es tonta y sabía dónde estaban los conseguidores y cómo lograr su parcelita de poder), Mariano optó por ir despacio porque iba lejos y después de tragarse unos cuantos ministerios ingratos llegó el otro mecanismo de consecución: el dedazo. Y de ahí, todo para arriba. Impopularidad no significa liquidación, mucho menos derrota. Se puede permanecer y pasar sobre todo y todos, sin parecer un malo de cuento y sin hazañas heroicas: para eso te sacas una plaza de funcionario, una de esas plazas que, alguno cree aún, están para adaptarse más a las necesidades de ese trabajador público que el trabajador público a las necesidades de la sociedad, si es que es posible dirimir las necesidades de algo que se presenta como un grupo de intereses contrapuestos. Menos cuando juega el Madrid, que se emite en abierto porque es de interés general. Volviendo a nuestro personaje, es bastante probable que ni mañana ni pasado le pongan una calle en su pueblo, pero qué más da, él ahí has estado, condicionando la vida de un montón de gente.

Rajoy nos da también la medida de lo importante que es ese mecanismo del que hacen el mejor uso posible los liberales de su partido: sacarse una plaza pública para que les quede una renta básica de por vida, y tomando ese punto, lograr el mejor margen de maniobra posible. Y jugar a perder tooodo el tiempo del mundo.