Marta Etura/ Actriz

“No, no, para nada. Si mi papel es muy pequeño…”. Así de rotunda negaba Marta Etura, justo antes de interrumpir un momento esta entrevista para saludar a su amiga Emma Suárez, la posibilidad de alzarse con un premio mayor –una Concha de Plata, un Goya- por el papel de Nieves, esposa de Luis Roldán en ‘El hombre de las mil caras’, película que la donostiarra se acercó a presentar al pasado Zinemaldia.

marta

Foto: Esti Veintemillas

 

El hombre de las mil caras es un filme complejo y complicado. Mientras la periodista lo veía en el Kursaal, pensaba en lo difícil que debía de estar resultándoles a los espectadores y a la prensa extranjera seguir una ficción así. Hay que tener cierto conocimiento de las historias que han transcurrido paralelas, por el subsuelo, a los diferentes nombramientos institucionales
-independientemente del color político- para dar cuenta de su envergadura. El filme no podía haber corrido mejor suerte que la de ir de la mano de Alberto Rodríguez, el hombre que ha trasladado las cloacas de España a la gran pantalla, trenzando una suerte de trilogía compuesta por Grupo 7, un análisis del lavado de cara a la que fue sometida la Sevilla pre Expo 92; La Isla Mínima, muy querida en el Zinemaldia de 2014 y que entrelaza sobre el fondo de la desaparición de dos muchachas el relevo generacional en las fuerzas de seguridad y los conflictos políticos propios de la Transición, para finalizar con El hombre de las mil caras, que muestra la herrumbre de la primera década de hegemonía socialista, con unos personajes ricos en matices entre los que se cuenta el interpretado por Etura, Nieves, esposa del que fuera director general de la Guardia Civil Luis Roldán; que lejos de estar a la sombra de su marido, se hace cargo en todo momento de la situación. “Creo que es una película en la que lo bueno es la cinta en sí, y para mí el regalo y el premio es haber formado parte de ella”, sentencia la donostiarra.

Ha trabajado con Monzón, Balagueró, Bayona… ¿Qué le ha ido aportando cada uno de estos directores a usted en su trayectoria como actriz?

-La excelencia es el denominador común de todos esos directores. Me han aportado su profesionalidad, la posibilidad de trabajar con gente que realmente tiene una visión global de la película y que cuidan todo muchísimo, que siempre tienen una aportación que hacer en la interpretación, que saben contar las cosas a través de los personajes, pero también a través de la puesta en escena, de los emplazamientos de cámara, de la luz, del vestuario… En fin, de todo. De absolutamente todo lo que compete a la película. Cuando trabajas con los grandes siempre, siempre hay un aprendizaje.

Y este último trabajo con Alberto Rodríguez, ¿ha aportado algún ingrediente más que le gustaría destacar?

-Como los anteriores, Alberto Rodríguez es un director muy exigente, que trabaja al mínimo detalle. Recuerdo que ensayamos mucho tiempo antes de empezar siquiera a rodar, y que trabaja con mucha minuciosidad. Sobre todo llama la atención el modo en que trabaja el texto: lo hace buscando el sentido no solo del mismo, sino también del subtexto, del segundo subtexto… Esto le vale para alcanzar una gran profundidad en todas las escenas. Además, Alberto es una persona de una inteligencia extraordinaria y de una gran humildad, por lo que ha sido una gozada trabajar con él.

¿Qué se mantiene intacto de la Marta Etura que salió de los estudios de interpretación?

-Mantengo algo que es para mí muy importante, que es el deseo de seguir creciendo, la conciencia de que nunca acabas de tener nada aprendido, de que siempre tienes cosas que mejorar.

El personaje de Nieves, la mujer de Luis Roldán que interpreta en El hombre de las mil caras, ¿le ha servido para reflexionar sobre los porqués y la idea de la corrupción, de su latencia en la esfera institucional a pesar del cambio de siglas?

-Una de las cosas más interesantes de la película es esa lectura a la que nos conmina a todos, a ver cómo esa época de corrupción se ve perpetuada y repetida, cómo hay un tipo de conductas de personas a las que el poder les lleva a la corrupción y que no tienen ningún tipo de problema para robar o para perjudicar a las arcas públicas. Sobre todo destaca esa invitación a que todos, como ciudadanos, tomemos medidas para que eso no siga sucediendo, para que todo eso termine.

Si tuviera potestad para diseñar un papel totalmente a su gusto, ¿cómo lo haría? ¿A quién interpretaría?

– Hay muchísimos personajes que me gustaría hacer. Todavía considero que no he hecho casi nada de todo lo que me gustaría… ¿Sabes lo que pasa? Que me gusta mucho mi profesión y no hay género que me apetezca más ni un personaje que vaya a preferir sobre otro. Me gustan las historias interesantes y los personajes interesantes.

Siendo donostiarra, cada vez que vuelve a la ciudad, y ya convertida en una actriz de renombre, ¿la ve cambiada?

-No, además nunca dejo de venir a Donostia. Tengo mi casa en Madrid porque mi centro de trabajo está allí, pero yo vengo aquí siempre que puedo porque mi familia es de aquí, y no me pierdo ni las navidades ni los veranos. Nunca he tenido la sensación de estar alejada de Donostia o de haber tomado la distancia suficiente como para verla distinta. Sigue y va a seguir siendo mi ciudad.

¿Disfruta la promoción de las películas o haría las cosas de otro modo si estuviera en su mano?

-Soy plenamente consciente de que la promoción es una parte fundamental de la película. Sí, puede que el rodaje sea la parte que a mí más me guste, la preparación del personaje, su interpretación… Pero no puedo desechar la promoción, porque para eso hacemos las películas, para que con la ayuda de los medios lleguen al público.

Suele pasar desapercibida su labor como vicepresidenta de la Academia de cine. ¿Qué fue para usted lo más remarcable de este período?

-Fueron tres años en los que intenté aportar todo lo que pude y conocer más mi industria y sus problemas para poner remedio en ellos. Al final la Academia es una institución muy grande, en la que trabaja muchísima gente y yo simplemente hice mi pequeña aportación. Fui consciente de los muchos enemigos del cine, como es el caso de la piratería, que nos hace mucho daño; y de la falta de apoyo, cariño y reconocimiento por parte de las instituciones, que nos hace un muy flaco favor.

NO SOLO CINE

A punto ya de llegar a la veintena de películas, con El Guardián Invisible en cartera para el próximo año, la vida interpretativa de la ganadora del Goya a mejor actriz de reparto en 2009 por su papel en Celda 211, no se ha centrado en exclusiva, ni mucho menos, en el Séptimo Arte. Ha ejercido como directora de teatro con Invierno en el Barrio Rojo, y sobre los escenarios ha interpretado a una danzante Santa Teresa de Jesús bajo la batuta de Chevi Muraday, junto a quien también visitó Donostia hace unos meses, en este caso con el espectáculo Return, una auténtica disección de las relaciones de pareja en la sociedad actual. Etura no se deja nada y podemos verla también en televisión, en la serie La Sonata del Silencio.