Roberto Etxeberria/ Diseñador de moda

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Foto: Esti Veintemillas

Se reinventó antes de que estuviera de moda reinventarse y dejó de lado el trabajo en su Eibar natal para adentrarse en el siempre complejo mundo de la moda y terminar, gracias a sus innovaciones en el uso de tejidos, despuntando en él, sobre todo a nivel internacional. Abordamos al eibartarra tras una intensa jornada de master class en el museo Balenciaga de Getaria y deseando regresar a la villa armera para estar con su familia

Fotos: Esti Veintemillas

Durante la jornada de hoy ha cruzado la calle desde el lado del diseño al lado de la docencia. ¿Disfruta esta faceta? ¿La ve necesaria?

Me gusta bastante, pero soy un poco crítico con el mundo de la enseñanza porque las escuelas a veces pecan de crear falsos Gallianos. La moda es mucho más que ser un diseñador: no todas las personas tienen la capacidad o la creatividad para serlo, pero a menudo no se tiene en cuenta que mundo de la moda es muy amplio: existe el patronaje, el comercial de producto, la publicidad o el marketing. El abanico es muy grande. Y la frustración de no ser diseñador o no poseer la capacidad creativa para diseñar no significa que no se pueda estar dentro del mundo de la moda.

Pero quizá esta es una idea que cuesta hacer llegar al alumnado, que tiene la referencia del diseñador porque es precisamente el que tiene más repercusión…

Suelo decir que uno ha de intentar ser el mejor en lo que haga. Es preferible ser un maravilloso patronista que un diseñador mediocre, y al final perteneces al mundo de la moda igual. Cuando uno estudia moda, puede que su primera idea sea la del diseño, pero al estar aprendiendo no debería extrañar a nadie venirse abajo en un momento dado y descubrir que existen otras facetas que le interesan más creativamente y en las que sí puede demostrar su valía y marcar la diferencia. Por eso hay que exprimir a los alumnos y ver en qué son los mejores, patronista, costura, producto… Y llevar eso a cabo, en vez de frustrar al chaval diciéndole que no vale para la moda.

Igual que para decidir en qué subcategoría profesional de la moda desarrollar la labor, también está el proceso de seleccionar qué tejidos utilizar y cómo materializar el trabajo en una pieza concreta. ¿Cómo es ese camino?

Mi punto de partida es siempre la sastrería clásica masculina que comienza en el XIX inglés: el señor british con un traje impecable de paño, de raya diplomática o de cuadros, de pata de gallo… Pero aunque esa sea la base, me gusta descontextualizarlos y mezclar: me gustan las rayas, la raya diplomática, el cuadro Gales… Y me monto mis mixes, mis pruebas y mis cosas. A veces consigo hilar algo, y otras veces no. Depende de lo que hayas pensado, cuando lo llevas a cabo y ves el resultado físico, quizá tus expectativas eran más altas que el producto final, o a veces la realidad supera a ese primer concepto que tuviste y te vuelves loco. Muchas veces no das en el clavo a la primera y la clave está en ir indagando más y alargar el proceso para lograr un resultado positivo.

¿Está la moda condenada a ser una constante de saltos atrás y adelante en el tiempo o todavía queda algo de espacio para la innovación, por ejemplo en los propios tejidos?

En moda está todo inventado: los pantalones, las faldas, las blusas, pero lo que hay que hacer es darle la vuelta a las cosas, dotándolas de una personalidad o de algo innovador que sorprenda desde eso que ya está inventado, por ejemplo en la utilización de los materiales. A mí el tema de las tendencias me aburre un poco, me parece un poco aborregado o algo para estereotipos, clones… Si utilizo un estampado militar, lo hago cuando me da a mí la gana, no cuando es “tendencia”. Paso, me aburren.

Actualmente no vende en España. ¿Tiene interés en solventar esa dificultad o ya le va bien con las ventas que realiza en el extranjero?

Ya me gustaría, pero no es interés, sino que sea la gente la que apueste por mis prendas. Hago cosas a medida sin ningún problema. España es singular y complicada, porque todo lo de fuera nos parece genial mientras que lo de aquí se devalúa. Las ventas que realices dependen de cómo entiendan tu producto, de cómo lo vean y de si hay nicho de mercado… Tus cosas pueden gustar, pero si no están dispuestos a comprarlas no hay nada que hacer. Existe la opción de arriesgar un poco si ves que puedes encontrar salida o algunos clientes a los que intuyes que si les ofreces ciertas cosas les van a encantar, pero bueno, igual te sale rana. Y aquí todo eso del riesgo es más complejo.

¿Va a profundizar en sus incursiones en la moda femenina?

Hay algo muy positivo en este caso, y es que aunque partas de la base de hacer cosas de hombre, las mujeres pueden adoptar la estética masculina sin perder feminidad. Tú puedes llevar unos vaqueros y una camisa, pero yo no me puedo poner un vestido… La mujer ha hecho suyas esas tipologías, mientras que el hombre se convierte en una loca, o está disfrazado… Es una reflexión que tengo muy presente, y es que cuando hago hombre automáticamente me tiene que salir mujer, lo cual no quita para que haya trabajado con otras tipologías femeninas, como las reinterpretaciones del petite robe noire de Chanel en cuero, en avestruz, anguila, napa… He hecho también vestidos de porcelana, abrigo-vestido de plumas… Me gusta salsear.

¿Sigue siendo Barcelona un buen sitio para hacer y estudiar moda?

A Barcelona siempre le acompaña su clima brutal, siempre hace sol. Tuvo su época de esplendor en los 90 en temas de diseño pero poco a poco está decayendo. Sin embargo, sigue habiendo buenas escuelas y un buen abanico. No me atrevería a valorar si continúa siendo un buen sitio para estudiar o no. Si tuviera que elegir ahora dónde formarme, no sé si volvería a elegir Barcelona, la verdad.

¿Habla de Eibar cuando va al extranjero? ¿Le ha influido la ciudad en su trabajo?

Eibar es un sitio súper peculiar. Que en un lugar tan pequeño haya habido tanto motor industrial, y no solo industrial sino de diseño es muy llamativo. Aquí nacen Lambretta, Solac, Alfa, El Damasquinado, las escopetas, BH, GAC… En el fondo sí creo que tuvo que ver en mi trayectoria profesional, pero eso es algo que he ido descubriendo a lo largo de mi vida, que no tenía presente cuando era un adolescente loco.

Hablando de adolescencia… La de diseñador no fue su primera opción profesional…

El tema es que no quería estudiar y me metí a fontanero porque había que trabajar de algo, y en ello estuve un par de años. Pero he hecho muchas otras cosas, como carretillero o dedicarme a la fundición… Hasta que no tuve 28 años no me puse con el tema de la moda, era curioso porque había 14 niñas en clase de 17-18 años y luego estaba yo.

¿A qué próximos retos se enfrenta Roberto Etxeberria?

El primero, no desaparecer, reposicionarme. Podemos hablar todo lo que se quiera de diseño, pero es fundamental el tema de ventas porque si no vendes, a ver de qué vives, y además a tus trabajadores hay que pagarles las nóminas igual.